Olga, de 55 años, vive sola y necesita dinero para una operación en el dedo gordo del pie, así que decide alquilar una habitación de su apartamento a Tulio, cuya mujer está ingresada en el hospital de enfrente. Lo que no sabe es que su nuevo inquilino llega acompañado de su hijo Cristian, de nueve años, que se instala en el piso sin que ella se dé cuenta. Durante un tiempo, Olga continúa con su rutina sin sospechar que hay un niño en casa, hasta que descubre que lleva varios días allí.